Lo peor que puede suceder a un niño es que sus padres mueren

Así comienza el testimonio de Rafael Narbona, un hombre que perdió a su padre muy joven. Una situación que lo marcó para siempre y que deja claro que lo peor que puede suceder a un niño es que sus padres mueren. En la infancia los niños establecen un vínculo especial

- en la mayoría de los casos positivo e incondicional - con sus padres. Gracias a ellos tienen el primer contacto que marcará sus futuras relaciones afectivas. Ellos son su apoyo, su modelo a seguir, aquellas personas que les ayudan a aclarar un camino desconocido, ya que son nuevos en el juego de la vida. Por eso, si los padres mueren muy temprano, esto puede ser un golpe muy duro que les afectará de una forma muy profunda. ¿Por qué? ¿Qué habría ocurrido si mis padres no hubiesen muerto? ¿Qué iban a encontrar de mi vida actual? ¿Acaso iban a estar de acuerdo con mis decisiones? Son preguntas sin respuesta cierta, que a menudo acompañan por toda la vida a esos niños que perdieron a sus padres muy temprano. Demasiado rápido. "Para mí era incomprensible pensar que mi padre ya no podría caminar conmigo por el parque". -Rafael Narbona-

La muerte de los padres deja una marca inapagable: sea como cicatriz, sea como herida. Rafael Narbona está bien consciente de lo difícil que fue perder a su padre cuando tenía 8 años por un infarto de miocardio.

La incomprensión ante ese hecho inesperado lo llevó a preguntarse "por qué yo?".
A buscar la soledad en los recreo cuando, en realidad, debería estar disfrutando con los otros niños de la escuela.

Podemos pensar, desde el punto de vista adulto, que los niños se olvidan rápidamente, pero eso no es cierto para los acontecimientos importantes. Ellos viven con gran intensidad todo lo que pasa, y la marca que cada evento deja será muy difícil de borrar. La tristeza de ese momento, ver a otros padres con sus hijos y el rechazo ante esa realidad tan desconocida y que causa tanto dolor como es la muerte, puede arrastrarse por toda la vida.

El hecho de que los padres mueran iniciará un proceso de luto cuyas etapas durará más o menos dependiendo de la persona y de cuánto esta situación la marque. La rabia, el disgusto la negación inicial deben ser sustituidos después por la tristeza y la aceptación. En el caso de Rafael Narbona, la rabia y el disgusto llevaron tiempo para desaparecer y fueron especialmente intensos durante la adolescencia. Para los niños es muy difícil de entender que las personas y los seres vivos acaban muriendo y que eso significa que jamás volver.

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La rebeldía contra la autoridad y no respetar horarios a veces no son indicativos de falta de educación, sino de un terrible dolor que reside dentro de una persona. Es una manera de expresar el descontento con algo que todavía está causando rechazo. Tristeza convertida en nostalgia pacífica

Así como muchos niños que pierden a los padres, Narbona dejó de estar en continua lucha con el mundo y expresar su rabia, para convertirse en un profesor, periodista y escritor así como su padre era. En su dolor ideó a su padre, hasta tal punto en que su vida cambió cuando él decidió seguir sus pasos. Sin embargo, la tristeza aún estaba allí y él tuvo que hacer un proceso de curación en el que consiguió ver a su padre como alguien imperfecto, pero real.Cuando uno de los padres muere, los niños se aferra a esa imagen ideada

, mientras se lanzan contra un mundo que le sacó a quien más amaban. A veces, ellos acaban siguiendo sus pasos en un deseo muy profundo, no de sustituir, sino de sentir a esa persona tan querida más cerca. Sin embargo, sigue existiendo una tristeza y un profundo rencor contra el mundo que un día les sacó esa figura amada.

La familia nunca debería ocultar la tristeza, y sería positivo incluir a los niños en el duelo.

Compartir Los niños sufren mucho si pierden uno de sus padres a una edad temprana. Por eso, permitir que expresen sus sentimientos, que hablen sobre el tema y sobre cómo se sienten, será importante

para evitar que esas emociones queden atrapadas en su interior sin un sentido. En estos casos, lo más probable es que salga a la superficie en fases posteriores de su vida con mucha más fuerza y ​​furia, cuando tengamos una menor capacidad para ayudarles.No podemos evitar que suceda, sino fortalecernos con cada golpe que llevamos. Esta será una oportunidad para aprender a ser resilientes, para madurar nuestro ritmo y percibir que la vida no está contra nosotros, sino que es como es: al azar y caprichosa en muchos casos.

Al final, gracias a la aceptación, la tristeza por ese progenitor se convertirá en una nostalgia suave.