La felicidad es un estado, no una imposición

Cada vez llegan más mensajes diciendo cómo debemos ser felices, porque todo lo que tenemos es el regalo para aprovechar.

Ser optimista es una calidad de la personalidad tremendamente útil para enfrentar nuevos cambios o penas que ocurren en la vida, pero ser positivo no es suficiente. El optimismo extremo es tan nocivo como el pesimismo extremo. Principalmente porque la imposición de este optimismo perpetuo desmoraliza a algunas personas. La dictadura de la euforia avergüenza a los que sufren. En este artículo vamos a tratar de entender qué aspectos son fáciles de detectar para distinguir la dictadura de la felicidad y la convivencia democrática de diferentes emociones, entre ellas la felicidad. "La felicidad de la vida consiste en tener siempre algo para hacer, alguien a quien amar y algo que esperar."

- Thomas Chalmers-

La felicidad y la publicidad
La felicidad muchas veces está sostenida por un soporte a gran escala : la publicidad.

Dicen para nosotros lo que tenemos que comprar, lo que tenemos que hacer, todos los libros de autoayuda que debemos leer para ser felices. Sólo gente bonita, sana y feliz aparece en las revistas y tiene éxito.

Esa gente bonita, feliz y eternamente sonriente, nos hace entrever nuestra amargura. Sería, por lo tanto, interesante comprar o hacer lo que ellos hacen y dicen para tener más felicidad. Yo, tan triste ... no me encaja en esta sociedad.

"Mi felicidad consiste en saber apreciar lo que tengo y no desear con exceso lo que no tengo" -Leon Tolstoi-

¿Cuál debería ser la postura adecuada? Simplemente comprar lo que necesitamos y lo que se adecue a nuestro perfil y capacidad financiera, reconociendo que son placeres temporales mundanos. Las personas, cuando están felices, se empeñan en mostrar eso, pero
entre lo que muestran y la realidad existe una larga distancia.

Se trata de divertirse con ciertos mensajes, pero no debemos tomarlos como verdaderos. Muchos de estos mensajes enfermos de "belleza" llevaron a enfermedades como la anorexia y la bulimia. No debemos permitir que eso suceda con el modelo de felicidad, vivamos nuestras vidas con naturalidad.

La felicidad no es estar exenta de problemasLa felicidad es un estado, un fluir, un instante que la vida puede regalar en cualquier momento y en cualquier circunstancia. Pensar que los momentos felices sólo pueden suceder en circunstancias ideales es negar la grandiosidad de un día de lluvia, que es gris y un tanto incómodo, pero también hipnótico. Más aún si lo contemplamos oyendo alguna de las músicas de Gymnopedie de Erik Satie.Usted nunca sabrá cuándo aparecerá un momento de felicidad, y tampoco sabe si, de una situación no deseada, aparecerá un momento de felicidad. Lo que es cierto es que

una actitud abierta hará que usted no pierda nada que es positivo.

La felicidad de conseguir aceptar todas las emociones Hoy, más que nunca, medicalizamos nuestras emociones.

Si son tristes, las consideramos intolerables y queremos alejarlas lo más rápido posible de nuestra existencia. Si son alegres, queremos estimularlas y externalizarlas hasta el agotamiento, ignorando la característica fundamental de una emoción: suele ser intensa y tener un carácter temporal. Queremos que nuestras mentes abriguen lo positivo y penalizen y expulsen lo negativo.

¿Cómo entonces diferenciar un estado agradable de otro que no es? ¿Qué sería de nuestra supervivencia si no pudiéramos tener memoria de recuerdos negativos? ¿Cómo habríamos evolucionado como especie y como seres humanos? Es necesario analizarnos como personas complejas que somos, capaces de albergar diferentes emociones. Que vengan todas las emociones a nosotros y que las abracemos: es la única forma de vivir plenamente.

Si sólo damos espacio a sentimientos de euforia, acabar con la indigestión. La felicidad impuesta, sin ideales, es decepcionante

No existe lucha o sueño que no implique dedicación y renuncia . Aunque a veces tengamos pasión por nuestros sueños y ellos puedan incluso motivar esta renuncia, no la entender como tal, sino como una forma de andar por el camino hacia él.

Sin embargo, claro que tendremos que dejar en segundo plano ciertos aspectos que nos importan para alcanzar una meta mayor . Este tipo de renuncia no nos ahoga, pero renunciar a pasar más tiempo con las personas que amamos puede causarnos miedo y malestar.

"La felicidad no es hacer lo que se quiere, sino querer lo que se hace"

-Jean Paul Sartre-Podríamos decidir estar siempre felices y, por lo tanto, renunciar a metas que sabemos de antemano que van a crear momentos complicados. Sin embargo, esta búsqueda obsesiva por la felicidad, por sentirse bien todo el tiempo, no es sinónimo de salud mental: una persona también necesita tensión en su vida, de decepciones e incertidumbres.

Sentirse bien como norma cultural puede llevarnos a perder el sentido. Una persona que tiene una esperanza y lucha por un ideal soportará más malestar que otra que haya asumido el deseo de estar feliz todo el tiempo como condición imprescindible. Una existencia que puede haber perdido la esencia y sentido por querer vivirla estando siempre feliz.